Formación

«Hemos llegado a creer que una persona “es inteligente” si tiene títulos académicos o una gran capacidad en alguna disciplina escolástica (matemáticas, ciencias, vocabulario). Pero los hospitales psiquiátricos están atiborrados de pacientes con esas credenciales.

El verdadero barómetro de la inteligencia es una vida feliz y efectiva, vivida cada día, y cada momento de cada día».

Wayne W.Dyer, 1976.

Corolario : La música afecta nuestro arousal modificándolo cualitativa y cuantitativamente, por tanto aplicada sistemáticamente en un contexto de enseñanza/aprendizaje es capaz modificar y crear estados de ánimo individuales y colectivos. Así mismo, puesto que estimula la plasticidad cerebral, es susceptible de ser usada para cambiar permanentemente el modo de experimentar el mundo que construimos.

Según autores como Mayer y Salovey, Goleman, Gardner, Mora, Bisquerra y tantos otros investigadores de la inteligencia emocional, además del desarrollo de las competencias cognitivas y de su valoración por medio del CI, la inteligencia emocional (otrora infravalorada) juega hoy en día un rol capital en el desarrollo del ser humano en el mundo actual tan interdependiente y complejo.

Los estudios demuestran que una gestión emocional inadecuada suele derivar en síntomas de alteración de la salud tales como: ansiedad y ataques de pánico, distrés (estrés negativo), depresión, agresividad y violencia, diversas fobias y temores, así como dificultades en el aprendizaje. Por no hablar de los graves problemas de adicciones a sustancias químicas, ludopatía y/o adicción al sexo.

 

 

De manera similar, complejos factores de interacciones socio/emocionales pueden resultar en problemas en el manejo de la ira, falta de liderazgo, dificultad en la elaboración en los duelos, dificultad en aprender a aprender, acoso escolar, violencia, depresión y suicidio. Por tanto no es extraño que de ello resulte un bajo rendimiento escolar y en el ámbito de las empresas, pobre productividad y bajas laborales injustificadas.

 

 

Bien entrados ya en el siglo XXI, la Unesco afirma que la evolución hacia una mayor calidad de vida y bienestar social, pasa necesariamente por el desarrollo de la inteligencia emocional en todos los ámbitos sociales a nivel mundial.

 

Por todo ello, los expertos en este ámbito sugieren que es al menos necesario comprender y educar aspectos de la inteligencia emocional como : conciencia emocional, empatía y conciencia del sistema donde nos encontramos, así como detectar desde que emoción nos relacionamos en cada interacción con las otras personas.

Competencias emocionales básicas

Así, para poder desarrollar una adecuada gestión emocional, es necesario educarse en lograr ciertas competencias emocionales básicas. Es decir aprender habilidades de inteligencia emocional necesarias para un buen equilibrio de la salud mental así como para una buena convivencia social.

 

Desde el lado de las prácticas artísticas, está ampliamente demostrado (Delannoy, 2012) que la practica regular de éstas modifica la plasticidad neuronal.

 

Basándonos en estas evidencias, inferimos que por medio de la apropiada aplicación sistemática de experiencias musicales, se puede conseguir la modificación de la arquitectura neurológica que correlaciona con emociones desadaptativas que perjudican la salud y la calidad de vida de los individuos y de la sociedad.

Consecuentemente, podemos utilizar la música para resonar, educar y profundizar en la construcción y desarrollo de competencias emocionales básicas.

Musiconautica propone para ello un sistema psicopedagógico basado en la psicología de la música que enseña a utilizar las experiencias musicales como vehículo de aprendizaje, desarrollo y cambio emocional.

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